Uno no va a Chez Wong esperando encontrar un ambiente de diseño, va para comer. Al llegar uno se encuentra con Javier Wong, sus hermosos lenguados gigantes, sus cuchillos y, como por arte de magia, delante de sus ojos y en unos pocos segundos, todo se fusiona en un cebiche inolvidable. Un plato como pocos, que hace vibrar el cuerpo, que te hace sentir bien, que te abre al mundo. No he probado tanto como para poder juzgar si es, como lo declarara The Guardian, el mejor cebiche del mundo, pero si puedo decir que jamás una comida me había producido esa sensación. Como una corriente de aire fresco expandiéndose entre el pecho y la cabeza; increíble, revitalizante, electrizante. Igual que cuando se lee un buen libro y entra en sintonía con él, o se escucha una música que nos emociona, o se contempla un cuadro en el que nos podríamos perder. Sólo que cocinar un plato que produzca ese efecto es muy poco frecuente. Se diría que la cocina es un arte mucho mas complejo. Tan practicado y sin embargo menos logrado. Wong en un plato simple y despojado le da sentido y significado a toda la cocina.
Lo de Javier Wong es una admirable elección de vida, fiel a una filosofía y una ética. Es una cocina rápida apoyada en años de experiencia, siglos en realidad. Se concentra en la calidad de la materia prima que compone sus contados platos, en el respeto por el animal que ha muerto para alimentarnos y en la difícil simplicidad de resaltar los sabores de cada ingrediente. y mantener la magia, brindando a la vez un espectáculo que atraiga comensales es un don que pocos han recibido y saben conservar.
El día que visitamos lo de Wong, no nos tocó ver nada de esa personalidad desbordante que tantos describen. Ni bromas, ni preguntas, ni charlas. Vimos pura y simplemente al chef, dueño de su cocina como ningún otro, maestro con sus cuchillos frente al lenguado, dominando la llamarada de fuego de un potente quemador a gas.
Mientras lo veíamos concentrado en su trabajo daban ganas de preguntarle, ¿cómo es que no se cansa de repetir el ritual? ¿Cómo se decidió a cocinar para desconocidos...? No solo abrirles las puertas de su casa, sino preparar comida para ellos. ¿Elección, destino, obligación? Quizás una conjunción de todo, y sin dudas mucha pasión. ¿Y cómo se mantiene firme en esa postura?
Nosotros entre tantos desconocidos, por esas cosas del destino, llegamos allí con timidez. ¡Si hasta casi nos daba vergüenza sacar fotos! Eso sí, la timidez no nos impidió comernos todos los platos que ofrecían ese día... Una exageración, pero hay que exagerar en los momentos correctos. :-) Dos platos fríos y dos calientes.
Tardó un rato en caernos la ficha de lo que habíamos visto, de cuan especial había sido ese momento, más allá de lo rico que comimos. Hoy, repasando los pasos que nos llevaron allí, la reserva telefónica, el paseo previo por la plaza de amable sombra, el barrio, la calle, la tapia, la puerta, el timbre... Volveríamos para repetir una experiencia irrepetible.
Hola Marce!
ResponderBorrarDa gusto comer en lugares así en que la pasión y el amor por lo que se hace se siente en cada rincón.
saludos!
Hola Paola, gracias por pasar!
ResponderBorrarEs esa pasión la que nos deja los recuerdos más imborrables...
fue una experiencia fantastica.
un beso!
¿Has estado por acá? Qué bueno que disfrutaras de un rico cebiche. Nunca he ido donde Wong, pero me han hablado maravillas de su cebiche.
ResponderBorrarQue coincidencia, justo vimos un reportaje sobre el ayer... Un beso grande de viejo equipo de Sabados con ene... Aga, Carlos y Theito.
ResponderBorrarHola Gabriela! Sí, pasamos muy fugazmente por Lima. Nos hubiese gustado quedarnos más... Pero el tiempo es el que hay. Volveremos seguramente! Besos.
ResponderBorrarHola Aga, qué gusto! Seguimos conectados, que casualidad realmente. Cómo está Theito? Grande, seguro! Besos para ustedes.
Que maravilla!!! Que ganas de vivir esa experiencia me has dado...Perù es un destino que se me antoja desde hace bastante. Espero poder llegar a hacerlo algun dia. Auguri di buon anno! Un beso. Sil.
ResponderBorrarHola Marcela , sencillo y genial este chef Wong tal y como lo describes casi diría que has visitado un restaurante japonés aquí en Palma de Mallorca , pequeño y sin grandes florituras, casi cutrillo pero con un chef, maestro de maestros, japonés al frente del local desde ni sé cuando , que elabora toda la comida y solo un empleado atendiendo las mesas.Hanaita se llama por si alguna vez pasas por esta isla!
ResponderBorrarCasi gemelos .
Si voy a Perú (cosa que me encantaría) visitaré como no, el establecimiento del Sr. Wong.
Un abrazo
Hola Sil, Perú es un destino maravilloso, del que nos hemos ido enamorando perdidamente. :)
ResponderBorrarTantissimi auguri anche a te, che sia un anno fantastico! Baci!
Amparo, gracias por esa recomendación! No sabes los años que hacen que queremos ir a Mallorca... Y los obstáculos que se nos presentaron la última vez que teníamos ya los pasajes. Pero llegará el momento, espero.
un gusto leerte, besos!
Marcela
Siempre es un placer leer tus palabras. A pesar de que el cebiche no me gusta, me dejé llevar por tus recuerdos y casi estuve sentada a tu mesa. En las fotos se puede apreciar la prolijidad y la concentración con la que trabaja esta chef. Gracias por compartirlo.
ResponderBorrarCariños
Hola, el Perú es un pais maravilloso porque hay mucho para conocer pero sin duda una de la cosas de las que te enamoras es de sus comidas, son buenisimas, hay mucha variedad y da ganas de comerlas siempre
ResponderBorrarDa gusto comer en lugares así, sencillo y genial este chef Wong.
ResponderBorrarsaludos Marce!
Por que.?
ResponderBorrarYa no cocinas.?
Todavía, te tengo en mi agenda.